Pese al fuerte rechazo que tuvo en Rosario, la asamblea provincial de Amsafé aceptó la propuesta salarial del gobierno por una amplia diferencia de 15.000 votos contra 8.000 (más de la mitad de esos votos provenían de los docentes de esta ciudad). Por lo tanto el lunes no habrá paro y comenzarán las clases con normalidad.
No sorprende esta realidad ya que la mayoría de las seccionales departamentales del sindicato de los trabajadores de la educación son conducidas por la Lista Celeste que responde al Frente Progresista Cívico Social que desde hace unos meses gobierna en la provincia de Santa Fe (de hecho, el ex-secretario general José María Tessa hoy es diputado del oficialismo).
El abismo entre salario y canasta familiar es aún mayor hoy que en marzo pasado. Sin embargo, hace un año atrás, los docentes santafesinos no dudaron en sostener un importante plan de lucha durante varias semanas, llegando incluso al histórico rechazo de la conciliación obligatoria decretada por el gobierno/patronal.
Los aumentos salariales negociados por las direcciones sindicales docentes, tanto a nivel provincial como a nivel nacional, no reflejan el crecimiento inflacionario, ni siquiera el que dibuja el INDEC. Por otra parte, hay que recordar que la mayor parte del sueldo docente se sigue cobrando en negro. No hay una propuesta seria de blanqueamiento y el básico es uno de los más bajos del país. Tampoco hay respuesta al robo a mano armada del seguro mutual, ni al absurdo kafkiano de salud laboral.
El resto de los puntos señalados en el acuerdo (los “adornos”) no dejan de ser promesas vacías, sin mayor interés para los trabajadores y sin fecha de vencimiento, la mayoría de las cuales nunca fueron puntos del pliego de reivindicaciones docentes sino obligaciones incumplidas del Estado.
Es hora que los verdaderos trabajadores de la educación de Rosario revisemos y transformemos seriamente nuestras estrategias, nuestras metodologías, nuestras herramientas de lucha, nuestra organización sindical. Entre tantas otras cosas, tenemos que preguntarnos que sucede si la democracia sindical se reduce a un simple mecanismo de votación, cuando todos sabemos que en muchas localidades de la provincia los docentes nunca tienen la oportunidad de elegir entre realizar o no una medida de fuerza.
Ya lo decía Tosco en su famoso debate con Rucci: “Nosotros conceptuamos al movimiento obrero como una práctica eminentemente democrática, como una democracia que surge de las bases. Sostenemos que todo compañero que es representante de una organización obrera debe mirar más hacia las bases que hacia la cúspide. Más hacia el contenido de lo que reclaman los trabajadores, los sectores populares, que a las formalidades”.
¿Qué hacer cuando la democracia sindical se convierte solamente en una formalidad? ¿Cuál es el valor real de esa democracia cuando desde hace décadas es utilizada sistemáticamente por la burocracia para accionar contra los reclamos de los trabajadores y contra toda posibilidad de unificar las luchas provinciales? ¿Hacia dónde miran Sonia Alesso y Stella Maldonado cuando se sientan a la mesa del gobierno? ¿Hacia las bases o hacia la cúspide?
Los sindicatos deben ser una palanca para las transformaciones revolucionarias en esta sociedad capitalista, deben ser una herramienta para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Si no lo hacen su existencia no tiene mayor sentido: sólo serán un lindo club de amigos. Sin duda hemos dado importantes pasos en los últimos cinco años, procesos vitales que han brotado de la lucha en las calles, de la resistencia contra la burla de los burócratas, de un sentimiento de indignación contra la injusticia, de un compromiso militante con nuestros compañeros y con nuestros alumnos. Es el momento de apelar a la imaginación, de evitar todo dogma, de ser solidariamente creativos para profundizar las transformaciones realizadas y empezar a cambiar verdaderamente la historia.
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